
Ya sé que has de estar pensando que el miedo a la nostalgia me arrodilla en el rincón de una habitación, que me consume el pánico a estar solo, que me detengo en los pasajes del recuerdo y por eso no doy señal de vida. Te das cuenta lo difícil que es estar aquí, “aquí significa cualquier ciudad”. Dale saludos de mi parte a las calles, al barrio, a los cafés, sobre todo a los lugares que narran mejor que yo parte de nuestra vida. A las personas déjalas pasar con su carga cotidiana, porque seguramente no entenderán este intento de carta, en todo caso si la leyeran creerían que es la postal de un día lluvioso, ¿Pero qué sabes tu de la lluvia? Yo también te imagino con tu morral y el paragüas estorbándole al asfalto, saliendo de la universidad, pensando que en la mesa falto yo, para criticar un poco a los alumnos que eran como nosotros hace algunos años.
Este es un lugar del que tengo recuerdos de cosas que no he vivido. Continuo escribiendo, de manera tonta pero atinando cada vez más los puntos y las comas, cada día son menos las ocasiones en las que siento que muero por dentro y se me olvida que esta y cualquiera ciudad esta tan triste como yo. A veces también logro reinventarme, bueno solo un poco (ojalá fuera un mucho) pero es que el egoísmo nos refleja en el espejo cuando estamos solos y contra eso no hay cura aun.
¿Te das cuenta que nos enamoramos para no estar solos? Espero que lo que tengas sea lo que siempre soñaste, ¿Dónde irán los sueños? Porque algún lado tienen que ir, al final los sueños son solo una excusa, muy grande, son la excusa para vivir, por eso en algunas ocasiones se convierten en la mirada nostálgica de lo que nunca vivimos, como cuando te resignas a nunca ser lo que siempre deseaste, lo que ni siquiera tienes esperanza de ser, la puta madre… deseo, deseo, deseo… anhelo con todas las fuerzas de mis entrañas ser aunque sea un poquito feliz y con eso hacer feliz a los que ahora están junto a mí.
Por eso omito fechar la nota, porque es un mal ejercicio literario.