
Extraño ver la cama revuelta y esa botella de agua que tranquilizaba la sed. Camino por las calles y tengo ganas de gritar tu nombre, como lo hago en la ducha donde desaparecieron los besos y hasta tus cabellos en el suelo. Entre tu nombre y el mío hay kilometros de asfalto que no nos permite olernos, dos intrusos que vigilan que no nos manoseemos y un pretexto que sube diariamente por mi escalera. Cuando me acuesto en mi cama bailo solo.
Como recuerdo tu sonrisa en la cocina, los pretextos en el desayuno y el rincón dónde jugábamos. Tras el armario tengo presa tu silueta y las marcas de tus dientes en el hombro. Como agua entre mis dedos, te me fuiste escapando y de nuevo te busco con las mismas ganas con las que me prometí ignorarte.




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