viernes, 19 de febrero de 2010

Cruel desencuentro

En el silencio más atroz de aquel abrazo, logro sentir aquella dulce indiferencia, ya no te importa ni saber si a un respiro, si a la hora de la cena yo converso con los cubiertos y la pizza. En el último aroma de tus brazos, funesto rumor a fresca despedida, tembló de pena y de ambición la nota adversa en la que tu nombre se descuelga por mis labios.

Tú llegaste desde aquella realidad desdibujada, en la que tiene sentido una ilusión hojalatera, una verdad color de tu piel bronceada, un paseo de tu cuello a tus costillas y un puñado de sueños dormidos en la habitación de una ciudad ajena y vasos llenos de nostalgia pasajera. Si tan sólo los cuerpos se enredaran, si tan sólo quedara espacio para una foto en tu billetera... si tan sólo quisieras...

martes, 4 de agosto de 2009

Canción de tomar el té


Conjurado por el humo de mi taza de té, apareces de nuevo tú. Piso conscientemente la trampa de la nostalgia. Bebo el primer sorbo, te recuerdo.

El frió me recorre la espina, busco a ciegas tu mano en la soledad de la mesa. Sin azúcar para mi, dos cucharadas para vos. Nos miramos en silencio. Te miro, me miras. Bebes el primer sorbo. Así permanecemos, sentados uno frente a otro, con los brazos extendidos sobre la mesa, dejando que nuestras manos se acostumbren y el calor de las tazas nos llene el cuerpo.

No hablamos, las palabras mienten, y nuestros silencios prolongados son verdades inconclusas. Bebemos. Pensamos en lo que viene. Las escaleras, el perfume, la cama, el sexo y el protector bucal para tu bruxismo. Luego te veré dormir en la penumbra de la habitación como cada noche que estuvimos juntos y sólo cuando sepa que soy el dueño de tus sueños pondré mi mano en tu vientre y allí descansaré.

Bebemos.

Bebo.

Solo.

Escondido de los ojos de la noche, de los recuerdos intrusos y de las historias malogradas me refugio en el fondo de la taza, prisionero de un aroma que se me quedó grabado en la punta de la lengua.

miércoles, 29 de abril de 2009

...


Para no oír me cerré la boca y puse ataduras a mis manos. Así fue que deje fracturados mis oídos, por eso no escuché lo poquito que valgo, lo por debajo que me encuentro de otros... Personas, personajes y valientes semidioses inflexibles con aires de justicia, tocaron campanas el día de mi suerte. En medio de un circo burlón que alimento, parezco el trapecista que ya no tiene las redes de tus brazos.

Sobre los vidrios molidos de tu ausencia camino todas las noches. Le doy de cenar al recuerdo de tus besos con la cuchara de los malos días. Trato de encontrar noticias tuyas en la maraña de pixeles que dibuja mi monitor cuando el cliente de mensajería instantánea anuncia con su voz metódica y descorazonada que estás en línea. Como si jugara con el talento de un acróbata suicida pongo a la venta tu perfume, dos canciones que prometiste cantarme y una carta llena de melancolía.

viernes, 10 de abril de 2009

Mensaje a las 2:14


Estas ganas pasajeras de no mirar el lado oscuro de mi cama, el espacio vacío a un costado de la ventana, tu cuerpo dibujado en la almohada que a veces abrazo diciéndole: tienes ojitos de niño cuando despiertas.

Un saludo mañanero de pronto me roba la melancolía, a través de un mensaje en el celular la sangre vuelve a correr como caballos por las venas, la cama, aun vacía, toma un respiro y se calienta con las letras que a kilómetros de distancia, tal vez con alguna intención, fueron escritas.

Mientras tanto, aquí sentado, todavía me pregunto ¿Dónde estas, cómo te encuentro? ¿Por qué te necesito? ¿Quién eres tu para que mi cama te reclame?

Lo mejor de mi memoria te espera, lo peor de mi carácter te ansia, y ya solo te digo: hueles como la noche, aunque la noche también sea soledad, café y una imagen tuya en la pantalla reclamando la bendición de una caricia.

sábado, 4 de abril de 2009

Noche de lluvia


Ya sé que has de estar pensando que el miedo a la nostalgia me arrodilla en el rincón de una habitación, que me consume el pánico a estar solo, que me detengo en los pasajes del recuerdo y por eso no doy señal de vida. Te das cuenta lo difícil que es estar aquí, “aquí significa cualquier ciudad”. Dale saludos de mi parte a las calles, al barrio, a los cafés, sobre todo a los lugares que narran mejor que yo parte de nuestra vida. A las personas déjalas pasar con su carga cotidiana, porque seguramente no entenderán este intento de carta, en todo caso si la leyeran creerían que es la postal de un día lluvioso, ¿Pero qué sabes tu de la lluvia? Yo también te imagino con tu morral y el paragüas estorbándole al asfalto, saliendo de la universidad, pensando que en la mesa falto yo, para criticar un poco a los alumnos que eran como nosotros hace algunos años.

Este es un lugar del que tengo recuerdos de cosas que no he vivido. Continuo escribiendo, de manera tonta pero atinando cada vez más los puntos y las comas, cada día son menos las ocasiones en las que siento que muero por dentro y se me olvida que esta y cualquiera ciudad esta tan triste como yo. A veces también logro reinventarme, bueno solo un poco (ojalá fuera un mucho) pero es que el egoísmo nos refleja en el espejo cuando estamos solos y contra eso no hay cura aun.

¿Te das cuenta que nos enamoramos para no estar solos? Espero que lo que tengas sea lo que siempre soñaste, ¿Dónde irán los sueños? Porque algún lado tienen que ir, al final los sueños son solo una excusa, muy grande, son la excusa para vivir, por eso en algunas ocasiones se convierten en la mirada nostálgica de lo que nunca vivimos, como cuando te resignas a nunca ser lo que siempre deseaste, lo que ni siquiera tienes esperanza de ser, la puta madre… deseo, deseo, deseo… anhelo con todas las fuerzas de mis entrañas ser aunque sea un poquito feliz y con eso hacer feliz a los que ahora están junto a mí.

Por eso omito fechar la nota, porque es un mal ejercicio literario.

lunes, 9 de marzo de 2009

Intento número X


Si el frío de tu soledad pesara más que la distancia que nos separa, en este momento tú no estarías simplemente leyendo estas palabras en la verticalidad de tú monitor plano.

No estarías dándote cuenta de que una vez más y sin razón aparente ni motivo lógico, fluye de mí (por enésima vez) una renovada fuerza de pasión a motor de combustión interna, alimentada única y exclusivamente del combustible de tus palabras esporádicas y el oxígeno inflamable de mi imaginación interminable (Última estación: Esperanza).

Estaría mi mano, en tu mano entrelazada…

Estaría mi piel, no cubierta por algodón estampado sino quemándose a fuego vivo al toque de tus dedos…

Estaría esta estúpida, vacía y desesperante ansiedad, siendo reemplazada por la respiración agitada, miradas alquímicas que se cruzan y la voz quebrándose en sonidos ininteligibles.

No tendrías ese ‘El’ espacio vacío que llenaría a la perfección mi cuerpo recostado junto al tuyo.

Pero eso simplemente no lo sabes aún, porque la distancia y el frío de tu soledad todavía no pesan tanto.

(¡Ven por mí!)

martes, 17 de febrero de 2009

Ausencia


¿Dónde podrán explicarme tu ausencia? Todos te conocen y sin embargo te niegan, yo camino por las calles y con las manos en los bolsillos silbo o canto. Un par de zapatillas viejas hablan por horas con el desgastado asfalto, como si se entendieran, como si vivieran un largo y siniestro romance. En las paredes los carteles tienen ojos y anuncios que me callan.

Es la melancolía, la niña que llora en el patio por su gato, el cáncer que me produce imaginar tu voz, la pregunta que a diario hacen los amigos. Pienso en las noches que dejamos pendientes, en todo lo que no te pregunte, en toda la infelicidad que guarde para ti.

Me condeno a morir de hambre si es posible, a repetir tu nombre y que nadie me escuche, a quedar ciego para que te quedes en mi por siempre, como eras, con la mirada al aire, con la sonrisa invadiendo grises bulevares, con tu cabello enredado en mis dedos, con las últimas palabras que salieron de tus labios cuando me dejaste en esa esquina...